Hospitales verdes

Un hospital es como una gran ciudad y un lugar conflictivo con el medio ambiente porque se consume mucho y se genera un gran volumen de residuos todos los días del año. Sólo en 2007, el Virgen de las Nieves de Granada, un centro de referencia regional en el que trabajan más de 4.400 personas y que atiende a una población de 442.000 habitantes, generó más de 3.000 toneladas de residuos, cantidad equivalente a la que produce una población de más de 6.600 habitantes. Hasta ahora la política ambiental de los hospitales se centraba en la separación de residuos, pero algunos han introducido medidas pioneras para reducir el consumo de recursos y producir energías menos contaminantes, además de una alimentación ecológica.

Las estrategias de gestión ambiental son voluntarias y se aplican de forma individual, en función del centro, o de forma protocolizada y colectiva, según la norma internacional ISO 14.001, y/o el modelo fijado en el Reglamento Comunitario de Ecogestión y Ecoauditoría (EMAS en sus siglas en inglés). El Servicio Andaluz de Salud, pionero en implantar la norma ISO y uno de los primeros en instaurar algunas de estas medidas, pasa por ser uno de los pocos del mundo que disponen de un Sistema Integral de Gestión Ambiental común para todos sus centros (SIGA SAS). Otras comunidades como Castilla y León y Cataluña se están iniciando o planteando un sistema integral, pero el andaluz es el más desarrollado. Se calcula que en 2010 estará totalmente implantado.

Entre las medidas ambientales que introduce el SIGA SAS figuran planes de intervención, fomento de compras a entidades respetuosas con el medio ambiente y la eliminación del mercurio. Para conseguir este último objetivo, sustituye los termómetros tradicionales por los eléctricos, y separa el mercurio de los aparatos que lo contienen, como tubos fluorescentes, mantas eléctricas y equipos de electromedicina. Los hospitales andaluces apuestan también por reducir el uso del policloruro de vinilo (PVC), un plástico muy contaminante con el que se fabrican las bolsas de suero y las sondas, y sustituir el uso del gluteraldehído, una sustancia muy contaminante que se utiliza en la esterilización de material clínico y limpieza de quirófanos.

El mecanismo de trabajo para aplicar estas iniciativas es similar en todos los proyectos. Se basa en investigar las experiencias de otros hospitales, buscar el proveedor que proporcione el producto, y desarrollar un programa de viabilidad. Esta dinámica se mezcla con el trabajo diario, supone una gran labor de base y no hay nada que obligue a cambiar un método por otro, pero lo que subyace es la implicación del personal sensibilizado con el cuidado del medio ambiente.

Lo explica Martín Blanco García, director de Servicios Generales del hospital granadino, y presidente e impulsor del OMARS, la plataforma de la Fundación para la Investigación Biosanitaria en Andalucía Oriental Alejando Otero (FIBAO), integrada por 33 instituciones públicas y privadas, entre ellas los hospitales, distritos sanitarios y universidades de Granada, Jaén y Almería.

Los hospitales de la FIBAO han puesto en marcha un programa de eficacia energética basado en adecuar la intensidad de la iluminación al espacio, limpieza regular de las luminarias, y sustitución de tubos fluorescentes por otros más eficaces y menos tóxicos. También buscan utilizar energías menos contaminantes y, para ello, se ha sustituido el gasóleo de las centrales de autogeneración por gas natural.

El Virgen de las Nieves, asociado además al programa europeo Green Light, ha disminuido su consumo eléctrico en más de 782.000 kilovatios al año, lo que equivale a un ahorro de 50.000 euros. Igualmente, ha reducido el consumo del agua en casi un 30% al adquirir lavadoras que gastan menos agua y sustituir los filtros de grifos por unos que reducen el caudal del agua un 50%.

Inspirados en una experiencia inglesa, el centro granadino inició en 2006 un programa pionero de alimentación con productos ecológicos. En 2007 esta alimentación se hizo realidad en dos comidas, los desayunos y las meriendas. Este cambio supuso un aumento respecto a la comida convencional de 0,09 céntimos de euro en los desayunos, y 0,02 céntimos de euro en las meriendas; una cantidad poco significativa si se tiene en cuenta los beneficios que este tipo de alimentación aporta en la salud, medio ambiente y desarrollo de la industria local.

Andalucía es el primer productor español y uno de los líderes mundiales de víveres ecológicos, pero tiene el inconveniente de que casi toda su producción se exporta. En este primer paso nos encontramos que no había empresas que envasaran en monodosis, panadería que trabajara con trigo ecológico, ni industria láctea ecológica en Granada. Hoy hay una envasadora de pequeñas dosis, un obrador granadino que trabaja para nosotros, y se está negociando con el productor tradicional de leche para que reconvierta su industria.

Por otro lado, el hospital La Paz ha invertido más de un millón de euros en su plan de gestión medioambiental en los tres últimos años. Esta dotación se ha destinado a la construcción de un punto limpio de unos 3.500 metros cuadrados de superficie, a la mejora de los almacenes intermedios de las plantas, y a la gestión y recogida de residuos intrahospitalaria. La Paz también ha instaurado un sistema de identificación y pesaje que en 2007 generó 535 toneladas de residuos entre papel, cartón, vidrio, envases y chatarra; separó 279 toneladas de residuos peligrosos, y produjo más de 2.300 toneladas de residuos orgánicos.

Para fomentar el ahorro energético, la unidad de La Paz lanza políticas ambientales, cursos de formación y campañas de sensibilización con el medio ambiente. De esta manera, el hospital madrileño, uno de los pocos centros españoles sometidos al Protocolo de Kioto, con un derecho de emisión de hasta 11.778 toneladas de CO2 al año, redujo el consumo de gasóleo de su central térmica un 6,2% en 2006, y un 0,6% en 2007. Igualmente, disminuyó un 5,5% el consumo de energía eléctrica en 2007. Si estos ahorros se extendieran al conjunto de los hospitales, la cantidad de CO2 que dejaría de lanzarse a la atmósfera es considerable.

Fuente: El País

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